Primera improvisación
Una amiga acaba de decirme que me quiere. Que me ama, mejor dicho. Yo sé, evidentemente, que me ama o me quiere como se ama o se quiere a un amigo. Luego entonces, y a mi modo de ver, ella se fija en mí de una forma claramente perdedora. Habría un tema lingüístico en tanto que ella no es la perdedora, y sería más claro el mensaje al escribir que el perdedor soy yo, tanto más cuanto más amigos se alejan, con el pasar de los años, del beneficio (en algunos casos perjuicio maloliente; el sexo, todo él, huele muy mal) de la vagina o de los dedos o de los labios, de los labios excelsos. En todo caso, creo que alejarse de una vagina amigable, proveniente, claro, de una amiga, da como resultado una masturbación nostálgica, encerrada en sí misma, que contiene, en sus avatares, una renuncia airada al sexo de dos, para dar con la idea esencial de follarse uno mismo.



